Uno de los atractivos de mis estancias en Harvard y el MIT es ojear las novedades editoriales en las librerías de sus respectivas Universidades, ambas separadas por tan sólo dos paradas de metro.
Tales visitas me permiten conocer con unos meses de antelación lo que se fragua en la potente industria editorial nortemericana, cazar nuevas tendencias que indefectiblemente llegarán a Europa.
Es impresionante ver la cantidad de novedades editoriales a cargo de profesores de los claustros de las propias Harvard y MIT. De hecho, la producción de libros y de artículos en revistas especialziadas constituye un parámetro principalísimo para evaluar la trayectoria de un docente.
Publicar en revistas especializadas es un reclamo poderoso, fomenta la empleabilidad e impulsa la carrera académica.
En cuanto a los libros, por un lado impele la marca personal propia, propicia protagonismo mediático y en último término (si eres un best-seller) reporta pingües beneficios.
Son razones sobradas, por tanto, para intentar asomar el hocico en librerías y círculos prescriptores de productos culturales.
Personalmente me gusta más la librería del MIT en lo relativo a libros manageriales. Con todo, la Harvard Business School dispone de su librería propia, complementada además (eso en todas las librerías) con un amplio repertorio de merchandising harvardiano: camisas, corbatas, artículos de papelería, etc.
Las marcas Harvard y MIT venden mucho. Se convierten por en ello en fuentes de pingües de beneficios. Manufacturan artículos de alto valor simbólico.
El mundo es de ellos.