Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Lunch en L’Espalier

Me hace feliz comer bien. Y hoy he almorzado de maravilla en el restaurante L’Espalier, en el 774 de Boylston Street, una de las calles más emblemáticas de Boston.

Al feliz almuerzo ha contribuido el alto rango intelectual de mi contertulio: Carlos Blanco. Ambos hemos abandonado por unas horas la vulgaridad culinaria de nuestros días havardianos y hemos dado cuenta de un excelente condumio, un menú otoñal de 40 dólares por barba (bueno,él es barbilampiño) amenizado por una altísima calídad de servicio que ya escasea en la vieja y aburrida Europa: jovencitas risueñas y rubicundas que te toman el abrigo, maïtre dadivoso que prodiga su selección de panes que me encandilan para untar en ellos la refinada mantequilla o un protocolario acompañamiento del camarero al servicio para abrirte la puerta y verificar que no te pierdes por la cocina.

Excelente, excelente. He dado propina generosa y todo, contraviniendo mi propensión antropológicamente catalana a la liberalidad comedida, muy repensada, justa y ecuánime pero raramente magnánima.

Tras un buen ágape, ves la vida de otra manera. A Carlos y a mí nos ha parecido Boylston Street la calle más bella del mundo, nos hemos adentrado en la biblioteca central de la ciudad, hemos hecho fotos y finalmente nos hemos metido en la línea verde del metro, para transbordar a la roja, apearnos en Harvard Square Station y despedirnos como excelentes compañeros de fatigas pero también de refinados recogijos.

Ay, los manteles. Cuanto endulzan la vida de los espartanos visitantes harvardianos. Feliz digestión, Carlos.

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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