Tras dos años de profesor de comunicación corporativa en EAE (Escuela de Administración de Empresas) me han nombrado director de sus dos Másteres de Comunicación en Barcelona.
Es una activiad que me satisface. Los alumnos de este año están motivados. Y los profesores mucho más. Nos hemos propuesto dar un salto adelante desde el magnífico legado que deja mi predecesor, Adrián Cordero. Y venga: a por todas.
Soy de la opinión de que la comunicación corporativa no ha alcanzado todavía en España el grado de protagonismo que merece a la hora de diseñar las estrategias. Es un grave error. La comunicación es un instrumento potentísimo gracias a su poder multiplicador. Es una lástima que por efecto de una cierta ignorancia congénita no se le dé alas, no se le permita desplegar todo su potencial de valor añadido.
Coincido en esta preocupación con el catedrático de Instituto de Empresa Pascual Montañés. Pienso que él tiene muy claro también que a la comunicación hay que darle lo que es de la comunicación: rango estratégico.
En este sentido, paro mientes en mi artículo de 2004 titulado “Agua en Marte, DirComs galácticos en la Tierra”. En este texto de hace un lustro expresaba yo un desiderátum, un arranque de ambición para crear DirComs plenipotenciarios en la nueva economía del conocimiento.
Intentaré en los próximas días colgar en mi blog el artículo de marras. Refleja bien a las claras mi visión de la profesión.