Hay momentos puntuales en la vida en que uno –aunque sólo sea por unos segundos- se siente importante.
Fue el caso de mi Primera Comunión: desfilamos los novicios emparejados, yo de la mano de mi compañera en la Escuela Molina Marina Oriol Carreras (la chica más guapa de la clase), en el acceso al Monasterio de Pedralbes de Barcelona. ¿Que fueron 30 segundos? A mí me pareció una eternidad.
Situación pareja viví ayer en la Harvard Business School…
Recibí la amable invitación del profesor de finanzas Ramón Casadesús para presenciar su clase práctica sobre la teoría de los juegos aplicada a las estrategias competitivas de Intel y Microsoft. Gran espectáculo docente, debo confesar.
De entrada, el profesor me presentó como periodista europoeo ante su pléyade de 75 alumnos llamados a ser la crême de la crême de las finanzas internacionales. Me dispensaron un cálido aplauso.
Me puse en pie y tan sólo pronuncié cinco palabras:
-Mine is a peaceful mission (Vengo en son de paz).
Lo que entonces me brindaron ya fue una gran ovación y carcajada colectiva.
Y es que las cosas en América son así. El sentido del espectáculo nunca debe perderse.
Me senté en un rinconcito y me apresté a presenciar un auténtico “reality show” docente: Correcaminos-Casadesús llenando las múltiples pizarras de la sala de fórmulas de cálculo financiero para elucubrar documentadamente qué decisión había que tomar en cada momento.
Me llamó la atención la utilización intensiva y superfluída de los medios técnicos: pizarras, transparencias, PowerPoint, Youtubes grabados…
Tal como me explicó después Ramón Casadesús, el servicio técnico de la escuela lo cuida todo al milímetro. Nada más acabar la sesión, por ejemplo, hay un operario que limpia los encerados.
La sesión fue amena, llena de intervenciones de los alumnos (preceptivo: levantar antes la mano), densa, bien aprovechada y salpicada con ocurrencias hilarantes del profesor. El conocimiento entra así mucho mejor.
Los rostros del 90% de los participantes reflejaban extrema concentración. Tan sólo observé un 10% de caras aparentemente dispersas, adormecidas o bostezantes.
Se crea una situación de mucha presión ambiental en que se revela que el profesor ha preparado a conciencia el guión de la clase.
Para el anecdotario, un gesto genial del docente: para mostrar un guarismo de la parte superior de la pizarra, ya hizada, a la que él físicamente no llega, lanza su trozo de tiza, que rebota en el encerado y es diestramente recogido en su caída libre.
Sospecho que por lo repetido (perfecta ejecución, por cierto), este émulo de reboteador de a NBA ya no sorprende más que a los visitantes como yo.
También llama la atención el excelente control del espacio escénico, las idas y venidas y la distribución variada de los turnos de pregunta para conseguir el mayor índice de participación.
Todo un espectáculo y una buena oportunidad para recordar el famoso “Dilema del prisionero”, que el profesor Carles Comas Giralt nos explicaba a los alumnos primerizos de ESADE en nuestro primer año de Máster.
Salva de aplausos al profesor como final de sesión. Yo me uní a ellos.