Dolors, la madre de Pep Guardiola, lo confiesa abiertamente:
-Era inquieto. Cuando lo tenía en mi vientre no paraba de darme pataditas.
De ese embrión salió un futbolista prodigioso y un entrenador excepcional: Pep Guardiola.
Valentí y Dolors, los padres de Pep, explicaban ayer (29-10-09) a la periodista Sílvia Coppulo en el programa «El Secret» de Catalunya Ràdio las particulares de su retoño, erigido a sus 39 años como icono blaugrana.
La madre recuerda la separación de su hijo para alojarse en La Masía, el centro de formación de jóvenes promesas.
-Mamá, cada día cuando me levante veré el Camp Nou (Estadio del FC Barcelona)-recuerda la señora Dolors que le decía su hijo.
Los padres de Guardiola viven en una nube de felicidad. Nada más estimulante que hacer felices a los demás. El padre confiesa que le gustaría erigir en el pueblo natal de Santpedor (a una hora escasa de Barcelona) un Museo de recuerdos del jugador.
-Incentivaría el turismo y las fondas del pueblo se beneficiarían- reflexiona en voz alta don Valentín.
La de los Guardiola es una historia de ensueño. Pero no hay que obviar los muchos capítulos vividos en soledad. De lloros ante la marcha de Pep en su adolescencia. Las lesiones. Las vicisitudes en Italia ante las acusaciones de dopaje.
Y una consideración final del padre: no entiende porqué el socio blaugrana es tan cambiante. Vienen mal dadas dos partidos seguidos y la euforia se trastoca en pesimismo.
Quizá es lo que todavía hay que cambiar en este club: la mentalidad de buena parte de sus seguidores. Su falta de autoconfianza. Sus reacciones pendulares.
Un pequeño pero ameno libro del periodista Joan Maria Pou, de la emisora RAC1, va en esta dirección: «Avui patirem» («Hoy sufriremos», frase prototípica del pesimismo culé). La del libro es un esbozo de queja valiente: el mejor equipo del mundo ha de tener la mejor afición del mundo. Pou duda de que la tenga. Estoy de acuerdo.