El jueves 10-12-09 pude finalmente ejecutar mi operación G x G. O lo que es lo mismo: un deseado garbeo por la ciudad de Gijón.
Después de tantas visitas a Asturias vía Oviedo era ya lo que tocaba. De manera que tomé en la soleada mañana el tren en la estación principal de Oviedo y en 35 minutos me planté en Gijón-Cercanías, bien cerquita del casco antiguo y del mar.
Callejeé hasta el paseo marítimo y reparé fuerzas en la plaza Mayor, en el restaurante «La Galana», contiguo al hotel Asturias, por sabio consejo de un lugareño con quien en la zona tropecé.
Nunca fue profesor por camareros tan bien servido. Degusté calamares y otros pinchos marinos acompañados de una impetinente botella de sidra natural. De esa que es pecado no ingerir entera, golpe a golpe, vaso a vaso.
La vida se ve distinta después de beber sidra. Por eso no me extraña esa rara bondad que emana de los asturianos.
-Es la sidra, es la sidra-deseo proclamar. Esta bebida que transporta el alma de la manzana depura el estado de ánimo y enciende una euforia amable, moderada, que hacer ver las luces y obviar las sombras.
Gran región Asturias. Gran bebida la sidra. Gran gente los asturianos.