Oigo la socorrida frase en la cantina de la estación del tren en el aeropuerto del Prat. La pronuncia un hombre próximo a jubilarse tras 19 años de actividad aeroportuaria:
«Todo ha cambiado mucho».
A buen seguro que es así. Y a buen seguro que eso pasa en todos los sectores, oficios y actividades.
Todo cambia menos una cosa: que todo cambia.
Adaptarse o morir. Reinventarse o perecer. Es la dura dicotomía. Es el signo de los tiempos.