Una de mis hijas ve los libros e impulsivamente los recoge y ojea. Luego me pregunta:
-¿Quién era Antonio Blay?
Le contesto:
-Un hombre sabio pero poco conocido.
En mi programa de radio sobre libros de la semana que viene le dedicaré un amplio espacio a este psicólogo humanista, pensador profundo.
Quienes hemos leído sus libros, sentimos por él un profundo reconocimiento.
Plantó una semilla que sigue generando nuevos frutos con el paso del tiempo.
Porque el suyo era un atractivo inusual, profundo. La del hombre que habla después de haber buceado mucho tiempo en el alma humana.