¿Cuánto de crítica y cuánto de compasión? Este el dilema: saber encontrar la dosis de cada cosa.
El espíritu crítico es lo único que nos puede mover a camiar lo que nos rodea. Nace de la visión conflictual de las cosas: ponemos el énfasis en lo que no funciona.
Por contra, la compasión nos atempera. Nos recuerda que todos somos humanos. Que si nos ponemos en el lugar del otro, entenderemos actitudes aparentemente incomprensibles. Que las circunstancias todo lo marcan y que la compasión es el bálsamo inexcusable para que haya convivencia.
Es la visión funcional: nos maravillamos de lo que sí funciona y queremos preservarlo.
¿Críticar hasta qué punto? ¿Compadecer hasta dónde?
Este es el dilema. A todas luces irresoluble.