En el último partido del FC Barcelona en el Nou Camp oí -en recuerdo al jugador Abidal, postrado por un tumor en el hígado- una de las ovaciones más largas y sentidas que nunca haya presenciado.
La gente no paraba, no paraba, cual tributo agradecido al mejor tenor o soprano del mundo.
Abidal se recupera ahora de su operación. Se sabe muy querido. Bien seguro que esos aplausos activarán las defensas de este monumental defensa.