Me preguntan a menudo y desde ámbitos muy diversos por qué Pep Guardiola tiene tanto éxito. Tras haber escrito un libro sobre él, «El Método Guardiola» y haber seguido un año más las evoluciones de personaje mi conclusón en tajante: porque es ultracompetente.
En todos los campos de la vida, actividades u oficios, hay personas competentes y personas que no lo son. Guardiola se sitúa entre las extremadamente competentes: un gran entrenador de fútbol y director de Recursos Humanos de alta competición deportiva.
Se me antoja evidente que Guardiola cuida el pequeño detalle, no cesa en aumentar su autoexigencia, se desvive por lo suyo y tiene una sed de victoria que lo hace difícilmente batible. Pep es todavía más Pep de lo que yo imaginé.
Quienes quieran reducir sus éxitos estrictamente al campo de lo deportivo, se equivocan: sus valores son transversales, aplicables por doquier. Y, entre ellos, como pilares principalísimos, una gran dedicación y un proverbial sentido común.
Hace justo ahora un año concluí en Boston la redacción de «El Método Guardiola» (mayo, 2010). Cuando releo mi obra, por supuesto que detecto pasajes mejorables y párrafos claramente prescindibles, pero en esencia me reafirmo en mis tesis, mis intuiciones y mi secreta emoción de fondo: haber encontrado un espejo en el que -modestamente, hasta donde yo alcanzo- mirarme y mejorarme.