Mi madre se ha reencontrado en la calle Escorial -sesenta años después- con una compañera de patio de escuela, concretamente de la Academia Durán de Barcelona. Se llama María Amparo.
Y yo que alucino cuando me reencuentro con gente de hace 30 años, ¿qué debe de ser reencontrarse con alguien a quien hace 60 años que no ves?
Es bien cierta la frase: el tiempo no pasa. Somos nosotros los que pasamos a través del tiempo.
Pero por mucho que sea el tiempo transcurrido, hay una gestualidad que las personas no perdemos. Un no sé que en el rostro, la voz, la gesticulación…que nos llevaremos a la tumba.
Y todos tenemos esos rasgos distintivos. Todos somos distintos. Y, por eso mismo, valiosos.