He vuelto a Barcelona y debo confesar que los 15 de agosto siempre han sido para mí una fecha que impone. Como si de un punto de inflexión se tratase. Son manías o querencias que uno tiene.
En mis tiempos de internado en el colegio PIVE de Tona (a una hora de Barcelona) talfecha marcaba el principio del fin del verano. Con una regularidad propia de otros tiempos, la segunda o tercera jornada de la segunda quincena traía las lluvias y el preludio otoñal.
Eran otros tiempos. Hoy veo en televisíón que nieva de manera harto rara en Nueva Zelanda.
Nada es lo que era.
Pero qué agradable el fresquito que atravesaba la comarca de Osona a mediados de agosto en la era del pre-cambio climático…