Más allá de las trifulcas tribales y de los comentarios de los unos y de los otros, hay todo un planeta que nos observa: millones de espectadores que consumen imágenes, leen opiniones y se forman su propio juicio. Es una opinión mundial sin fronteras.
Valdría la pena recordar que cuesta mucho edificar un prestigio de marca y muy poco dilapidarla. Así en el fúbol como en todos los campos de la vida.