Las concesiones a la nostalgia a vecen salen caras.
Digo esto porque pedí anoche una caña en el Bar Estudiantil de la plaza Universidad de Barcelona.
El título del local es equívoco. Evoca tiempos en que fue antro de estudiantes, pobretones y otros menesterosos.
Para nada: una cañita casi tres euros. Eso sí: el local con el desaliño de antaño y un servicio más atolondrado que nunca.
(Leo en La Vanguardia de domingo 28-8-11 que en algunos locales de la Rambla atracan a los turistas sirviendo jarras de cerveza…¡a 12 euros!)
Cómo somos. No aprendemos las lecciones del pasado. Ahora recuerdo el impacto que tuvo hace diez años en la prensa alemana unas declaraciones de un ministro regional criticando que en un chiringuito de una playa de Mallorca le habían servido una cerveza casi caliente y en vaso de plástico…por tres euros. Unos años después vino la caída en picado del turismo alemán.
Quien siembra vientos, recoge deserciones turísticas. Ojo.