De manera recurrente los analistas deportivos utilizan -con un deje de desprecio- el término guardiolada. Viene a ser sinónimo de excentricidad. Se aplicaba al ex alcalde de Barcelona y ex presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall (maragalladas). O al ex entrenador Johan Cruyff (cruyffadas).
Pero aplicado a Guardiola no es sino pura revelación de ignorancia. Lo que Pep hace es pura asunción de riesgos en aras de la innovación.
Anoche dio prueba de ello: Barcelona, 5, Villarroel, 0, jugando prácticamente sin defensas puros pero trasladando la función defensiva al centro del campo. Éxito total. El de anoche fue uno de los mejores partidos que he visto en el Nou Camp. Un recital.
Más de un comentarista deportivo quedó en evidencia: recriminación antes del partido, aturdidos elogios tras la goleada.
¿Por qué somos así? ¿Por qué no damos a un profesional con tanto crédito como Pep la oportunidadd de innovar?
Llevamos el miedo al fracaso en nuestro ADN cultural. Mal asunto. Mientras Guardiola ya evoluciona hacia el -por decirlo así- Barça 5:0 (en alusión a las frecuentas manitas de goles que se cosechan) hay muchos supuestos líderes de opinión enfrascados en sus baluartes, sus prejuicios y su fatal falta de cintura.
Mientras, Pep Guardiola se reinventa a diario y triunfa.
Tomen nota.