Cada vez estoy más convencido de que gestionar las diferencias culturales es una competencia clave que debe dominar todo directivo que se precie.
No se trata de una moda o de una originalidad: las diferencias culturales están en la raíz de un montón de conflictos. Por ello hay que ahondar en su conocimiento. Es, por otro lado, un campo fascinante, conmovedor. Condición humana en estado puro.