Soñé que soñaba que tenía un martillo, me dirigía a mi oficina bancaria habitual y hacía trizas el escaparate justo en el rincón del anuncio de lavavajillas «gratis» a cambio de domiciliación de nómina. Grabada la escena y colgada en Youtube, millares de conciudadanos se unían al ritual y mi buzón de se llenaba de demandas judiciales.