Me encanta ese tipo de mujeres que te saludan, besan y/o abrazan e indefectiblemente te aplican un masajito (en el brazo, en la espalda), como si aplicasen un vertiginoso quitamanchas.
Es muy de agradecer esta muestra de amor maternal, que es el más grande de los amores, reconfortante especialmente en invierno y en cualquier caso de breves pero ayurvédicos efectos.