Aconteció en un partido del Barcelona Juvenil B contra el Castelldefels en 2011. Su portero, conmocionado en la hierba. A pesar de eso, el Barcelona chuta y marca. Acto seguido, el entrenador Sergio Barjuan ordena dejar marcarse un gol. Resultado final: 1 a 1. Empate. Pero gran victoria del juego limpio.
Repárese en:
-los gritos iniciales de un aficionado: «¡Cómo destrozas el trabajo de una semana de unos chavales!».
-los aplausos de la parroquia local segundos después.
La televisión oficial del club difunde las imágenes. Aquí viene el componente de promoción del prestigio corporativo: que se sepa. Pero hay un hecho previo y ejemplar: unos valores deportivos que no se improvisan.
Véanse las imágenes en:
/www.youtube.com/watch?v=aJtLKH5o5gM
Esa es la gran fuerza del Barcelona actual: no es modélico pero se esfuerza por serlo. Todo lo contrario a la cultura del pisotón. De ahí su grandeza más que deportiva: educativa.