Me encuentro desde hace cuatro días en Galicia, donde campa una pertinaz sequía de dos meses. Mucho tiempo sin llover. Y aunque el paisaje luce con tanta iy tanta luz dorada, eso no es bueno para el campo, la economía ni para los alérgicos. Así son las cosas.
Santiago de Compostela sigue siendo la ciudad bella y recogida que me asombra desde hace doce años, que es el tiempo que llevo impartiendo en el Centro Superior de Hostelería de Galicia en A Barcia, en los aledaños de Santiago.
Una amable transeúnte me llevó a casa en coche al no haber el domingo por la noche autobús de transporte público. Se trataba de la diputada del PP por A Coruña Marta González, como luego supe. Y es que la gente en Galicia es muy hospitalaria. Es uno de los rasgos del lugar: excelentes anfitriones acostumbrados al flujo continuo de pelegrinos.