En mañanas soleadas como hoy Barcelona luce espléndida, queda, obsequiosa, a pesar de ese contrapunto de suciedad irreverente a la que ya nos tiene acostumbrados.
Desayuno churros con chocolate en la inconmensurable churrería de Villarroell/Consell de Cent.
Me compro al final una nueva caja de antihistamínicos. Sufro una alergia descomunal que debilita mi rendimiento físico e intelectual.
(¿Cuándo podré levantar cabeza?)