He amanecido con misterio: ¿dónde está la suela de mi zapato izquierdo? Desapareció y la busco con denuedo. Sin ella ando desequilibrado. Miro por todos los rincones. Y conjeturo todo lo imaginable. Pero no aparece.
Acudo rápido al taller a dos manzanas. Pido una suela.
-¿Debemos cambiar también la otra?-inquiero.
-Mejor que sí-me dicen.
Pero cuando la operaria observa el estado de la suela del zapato derecho, la levanta…y debajo aparece otra suela.
Tenía ambas suelas en el mismo zapato. Una -que debí recoger del suelo-superpuesta a la otra.
(Moraleja: tendemos a buscar la respuesta fuera cuando en verdad está dentro).