Si yo fuera persona con mayores arrestos y sin economía menguante, me plantaría frente al Palacio de la Zarzuela con una pancarta con paquidérmica evocación: la de Dumbo, uno de los héroes de mi infancia (venció al miedo y deslumbró con su talento volador). La máxima bien clara: «Dumbo sí, Rey no».