Nos parecen trágicas pero lejanas. Y nos equivocamos. Son las minas antipersona.
Las encontraremos en su modalidad no tangible en un no desdeñable número de colegios profesionales. En algunos sindicatos. En los partidos políticos en general. En empresas que hacen del humanismo su credo aparente. En firmas consultoras de recursos humanos que propagan las excelencias del trabajo en equipo, justo el que no practican puertas adentro (¿debieran quizá autocontratarse?).
Las minas antipersona están por doquier. Si uno debiera mirar siempre al suelo para detectarlas, nunca tendría tiempo para mirar a las estrellas.