Me llaman la atención algunos comentarios de columnistas con un cierto recorrido que, tras declararse (¿pavonearse?) amigos de Pep Guardiola, advierten del peligro de santificarlo, de ponerlo en un pedestal.
Está bien que los columnistas manifiesten lo que piensen (para eso está la libertad de expresión) pero me sorprende que los supuestos amigos proyecten un paternalismo innecesario. Si realmente son amigos del personaje, aparte de quererle, le conocerán. Sabrán así que se basta y sobra para no dejarse instrumentalizar. A menos que los instrumentalizadores sean los propios amigos. Presumamos que de buena fe. Pero en algún caso, por celos extraños. O por llevar la contraria, estrategia que da visibilidad. No prestigio.