Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

¿Exito eterno?

El éxito no puede ser eterno. Ni en los negocios ni en el fútbol. Atendiendo la solicitud de la web «Retos Directivos» de Harvard Deusto y EAE, he escrito algunas consideraciones al respecto en

http://retos-directivos.eae.es/perspectivas/futbol-y-excelencia-nunca-dire-que-del-agua-del-exito-siempre-bebere/

Este post es una reflexión sobre el artículo de la revista Harvard Deusto Bussines Review:

La Trampa que amenaza al Barça

El fracaso bien administrado es palanca de éxito. Pero no hay éxito que cien años dure. Precisamente el éxito es valioso porque es escaso. Si fuera eternamente sostenible, sería baladí. Pero para alargarlo, la continua motivación del equipo es la clave: cultivar el deseo de aquellos con probado talento.

Leo con interés el sugestivo artículo de José Luis Larrea “La trampa que amenaza al Barça: la cara oculta del éxito”. Ciertamente por definición el éxito no puede ser permanente. Tiene vocación de excepcionalidad en los entornos ultracompetitivos, tales como la alta competición deportiva. Es precisamente su escasez lo que hace al éxito apetecible, merecedor de todos los esfuerzos y deparador de las grandes alegrías.

En el caso del fútbol de alta competición, que congenia talento individual con talento colectivo, la motivación de las personas es factor clave para la sostenibilidad del éxito. El deseo de ganar, el inconformismo, la voluntad de ser siempre mejor. Todo ello sin llegar a la saturación, a la exigencia desquiciada. Tal es el gran peligro.

Entiendo que uno de los factores que han propiciado el éxito del modelo futbolístico de Pep Guardiola es el carácter intrínsecamente lúdico y comprometido de su propuesta de estilo: es fútbol con ética y con estética.

El carácter ético del modelo guardiolano deriva de una institución, La Masía azulgrana, escuela de deportistas donde los chicos más talentosos reciben una preparación deportiva de élite a la vez que unos valores muy sólidos sobre trabajo en equipo, respeto al contrincante y amor por la entidad.

El carácter estético del fútbol azulgrana se inspira en la escuela holandesa: fútbol de ataque, con máxima polivalencia y exquisito toque de la pelota con mucha posesión a la vez que mentalidad ganadora.

El hecho de que el Barcelona practique un fútbol con ética y con estética aporta sentimientos muy gratos a sus jugadores, la gran mayoría formados en La Masía: son futbolistas que aman su oficio y por ello se dedican a él con devoción en el marco de un club que fomenta el pleno sentimiento de pertenencia. Ello genera energía a raudales y una sed de victoria sin parangón.

Un buen ejemplo de cuanto decimos es Lionel Messi. Próximo a cumplir 25 años, se le considera el mejor jugador del mundo y uno de los más brillantes de la historia del fútbol. No se cansa de jugar. No desea ser relevado jamás. Y no quiere perderse ni los amistosos. Hace lo que ama y ama lo que hace, como prescribía sabiamente el difunto Steve Jobs en su conocido discurso en la Universidad de Stanford.

Nadie bebe eternamente del agua del éxito. Pero la voluntad de intentar ser excelentes nos acerca a él.

El fútbol de alta competición aúna talento con el necesario compromiso de intentar ser mejor en equipo. Una buena relación entre los jugadores es la más formidable fuente de energía imaginable: mantiene viva la llama del deseo de ganar y permite ser resiliente ante los embates del destino y del entorno. Muy especialmente ante las tácticas destructivas del juego (como aplican algunos rivales) o los intentos más o menos exitosos de llevar acabo acciones de márketing de guerra (actuar en el filo del reglamento o influir en los partidos desde fuera del terreno de juego a través de guerra psicológica mediática).

Con todo, mantener la motivación de un equipo de alta competición sin caer en la saturación y el rechazo de los propios jugadores es tarea de liderazgo titánico, gran mérito de Pep Guardiola, gran generador de confianza.

Ayuda también a ello la renovación parcial de la plantilla cada temporada, con la incorporación de savia nueva, jugadores con hambre de éxito que contagien y remuevan la conciencia de los ya ahítos.

La propia sustitución del entrenador Pep Guardiola por su número dos, Tito Vilanova, puede verse también en clave de revulsivo motivacional para intentar alargar el ciclo de cuatro años de grandes victorias y reinventar el estilo de juego con nuevos talentos y nuevas variables tácticas.

Definitivamente los ciclos son connaturales a la competición. Pero forma parte de la sabiduría del ganador empedernido entender que los momentos de éxito son para disfrutar y los de derrota para madurar en la búsqueda de las bases para un nuevo ciclo victorioso. Un parar para tomar nueva carrerilla.

Miguel Angel Violán
Profesor de Comunicación de EAE Business School.
Autor del libro “El Método Guardiola”. Conferenciante.
Blog: http://blogs.periodistadigital.com/estoesloquehay.php

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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