Escucho con interés los diez minutos de intervención de Pep Guardiola ante 10.000 estudiantes en acto organizado por la Fundación Telmex en México. Resulta una mezcla de momentos gloriosos con un gran bochorno de fondo: no avisaron al conferenciante de lo que de él se esperaba…
Es un fallo gravísimo de organización e incluso de cortesía. El propio Pep comienza su alocución confesando que se siente molesto. No era aquello lo que le habían dicho.
A partir de allí improvisa un parlamento atractivo -aunque un tanto atropellado e irregular- con dos momentos estelares: cómo golpeó aquel balón que le convenció que lo suyo era el fútbol y la confesión del desinterés con que acudía a ayudar a su padre a hacer de albañil.
La referencia a Cataluña como país -realizada por Pep- ha exacerbado los ánimos de algunos en las redes sociales. Y por otro lado, Pep no menciona el nombre de su pueblo, Santpedor, en la intervención.
Así son a veces las cosas. Tras la apariencia de grandes actos, hay auténticos fiascos organizativos. No es de recibo que un orador no conozca el papel que se le asigna. Que se le diga que acudirá a un local pequeño…y a la postre le pongan ante 10.000 personas: es un tratamiento de mono de feria.
La marca personal de Pep sale de allí con rasguños (a falta por mi parte de conocer el diálogo mantenido posteriormente con dos periodistas). La de los organizadores, Fundación Telmex, también. Flaco mensaje para un auditorio tan joven y talentoso.