Pere Vinyoles i Vivet (en catalán utilizamos la conjunción copulativa «i» que equivale a la «y» griega usada en el castellano). Este es el nombre y los apellidos de quien fue secretario municipal del pueblo de Vidrà, junto donde principia Gerona, en el pre-Pirineo catalán.
Cae en mis manos una cortés carta de despedida. Anuncia a mi padre (ahora ya difuntos tanto remitente como destinatario) el fin de sus funciones en mayo de 1983. Señala que asumió el cargo en 1939. Se dice pronto: 44 años. Y justo tras la guerra civil española…
Pere Vinyoles me recibió en los años ochenta en su domicilio barcelonés. En la calle Gerona, creo recordar. Fui a verle a instancias de mi padre. Le hablé de mi vocación periodística. Él había ejercido el periodismo. Me contestó amable pero firme:
-Es mejor dedicarse a otra cosa. Hay oficios mucho más estables, como trabajar en La Caixa. Pero si se empecina en ser periodista, haga siempre dos cosas: intente ser un gran periodista, no uno del montón, y vaya a los sitios a pie o en transporte público.
He seguido siempre estos dos consejos. Si conseguí materializar el primero, la historia lo dirá. De lo segundo doy buena fe: no concibo el periodismo sin pisar la calle.