Diría que he ganado peso. No es lo mismo comer con orden y concierto en casa que estar dos semanas de un lado para otro. Pero mi dieta se mantiene esencialmente firme (aunque confieso pequeñas concesiones estivales: más pan de la cuenta, alguna cervecilla y unos cuantos helados de chocolate y vainilla).
Sin embargo, mi voluntad se mantiene incólume. En concreto, ante mi próxima cita con el dietista el 5 de septiembre, quiero llegar a la consulta pesando 94 kilos. Es decir, seis menos que los actuales. Se me antoja una meta realista, si bien no habrá suficiente con comer menos. Toca sudar de lo lindo.
Diseñaremos un plan para ello.
(Me encanta diseñar planes; algo menos cumplirlos).