Aterrizo bien temprano y de sopetón en el aeropuerto muniqués. Agradable vuelo con Vueling. Niebla por doquier y nubes persistentes. Temperatura alrededor de 10 grados. Leyendo el interesantísimo libro del doctor Francisco Mora sobre neuroeducación (muy recomendable), el vuelo se me ha pasado…volando.
Los diarios analizan cómo cambiará la manera de jugar la selección alemana en la medida en que cuaja el modelo implementado por Pep en el Bayern. Leo comentarios elogiosos. Pep cuaja. La profesión futbolística teutona parece rendirse a sus pies.
Me hospedo en el extrarradio, en Giesing, en un hotel de la cadena Bold. Original: la habitación no incluye armario.
Retorno a mi querida biblioteca municipal junto a la Rosenheimer Platz. En el complejo cultural Gasteig. Después de un potente café en la cafetería de la planta baja, me sumerjo en la escritura domesticando un teclado alemán para que no se note que es germánico. (Creo habelo conseguido).
Múnich, Múnich. Mis idas y venidas me acercan cada vez más a la cultura bávara. Con sus pros y sus contras, pero es un lugar interesante donde vivir una temporada.