Vuelo de Barcelona a Múnich con Lufthansa a las 6 de la madrugada pero se me antoja noche profunda hasta que las primeras luces acompañan la maniobra de aproximación en Baviera.
Ei cielo muniqués está gris y plomizo. A punto de llover. Pero se contiene.
La prensa de la semana destaca que el 10% de los metros regionales (el S-Bahn) llega con retraso. Intolerable para un país que hizo de la eficacia y de la puntualidad banderas y señas de identidad.
Me refugio en la biblioteca municipal muniquesa, en el complejo cultural Gasteig. Sus cristaleras me recuerdan la biblioteca Teresa Pàmies de la calle Urgel de Barcelona.
Múnich puede parecer triste en días otoñales como hoy. Lo cierto es que la ciudad carga pilas para resurgir en primavera. Muy suyo.