Tumbado me ha dejado hoy un repentino mal despertar. Como si de un trancazo se tratase. Un malestar que me ha impedido levantarme de la cama durante muchas horas. Aferrado al colchón, con los pies fríos, la nariz tapada, dolor en la cara y el cráneo, ligeras molestias en el vientre.
(Lástima, por cuanto el día era soleado y luminoso; así principiaba diciembre).
Luego ha venido la mejora y ahora, con el anochecer una cierta reactivación (de no ser así no estaría escribiendo).
El conjunto de la experiencia supone el recordatorio de que sin salud no somos nada. Y por unas horas me he acordado de aquellas caídas puntuales en Mallorca, solo en mi apartamento, abatido por un resfriado intratable y aspirando desde la habitación la humedad del mar vecino.
¿Cómo pude desenvolverme tan bien tanto tiempo y tan solo?
Ahora se me hace impensable. Aquello quedó atrás. Como tantas cosas.