Lección de vida

Hay un par de cosas que mi cuñado y buen amigo Jaime Lafita me dijo hace tiempo que se me han quedado grabadas. La primera fue cuando aún no había hecho público que le habían diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y yo me estaba quejando de alguna chorrada de las que acostumbro a quejarme con demasiada frecuencia. No me acuerdo exactamente de qué se trataba, algo referente a mi salud -porque soy el pupas y tengo una querencia natural por las urgencias, ambulatorios, hospitales, e incluso por los quirófanos- pero seguro que se trataba de algo menor, de eso, de alguna chorrada. Pues bien, Jaime me dijo algo así como “no te quejes tanto, tío, que tienes una salud de hierro, la vida resuelta y una mujer y una familia cojonudas». Y era verdad. Pero ahora, dándole vueltas me doy cuenta de que me lo estaba diciendo alguien que acababa de conocer que tenía un problema muy, muy serio. Y como no se lo había contado a nadie supongo que le chirriaba que los demás le fuéramos contando nuestras pequeñas cuitas. No me extraña.

Más me impresionó aún escucharle un par de años más tarde, cuando hacía mucho que había sacado su enfermedad del armario, que “la ELA me ha quitado muchas cosas que no pensaba perder, pero me ha dado otras muchas que no pensaba tener». Olé, colega.

Jaime ya sabía que tenía una familia y unos amigos estupendos, pero para él tuvo que ser un inmenso subidón comprobar en primera persona que no es que fueran estupendos sino que eran auténtica y literalmente personas excepcionales, de los que están dispuestas a darlo todo por un familiar o un amigo que está en dificultades. No crean, no todo el mundo es así y a las maduras todos estamos ahí para pasarlo bien, pero cuando las cosas se tuercen y se ponen duras más de uno se escaquea sutil o descaradamente, pues currar en cosas no tan agradables y divertidas y dar el cayo para ayudar a alguien a afrontar un drama no es lo suyo y prefieren dejarles esa tarea a otros porque la vida es corta y no tienen tiempo que perder para pasárselo bien. Así es la vida, que da muchas sorpresas.

Pues bien, la tropa de dalecandELA -la asociación que fundaron él y sus más cercanos para plantarle cara a la ELA- pronto demostró lo que estaba dispuesta a darle a Jaime: altruismo, generosidad y cariño ilimitados, como ha sido su dedicación a la causa abanderada por Jaime. Lo han demostrado con creces trabajando a saco y volcándose para ayudar en todo lo que han podido, cuando no hace falta decir que todos tienen sus vidas, sus trabajos y sus familias, con sus problemas personales que resolver y también con mucho mejores planes y cosas que hacer y de las que disfrutar. Pero, como en Fuenteovejuna, toda esta peña acudió a dar el cayo todos a una y vaya si lo están dando.

La cosa empezó con una pequeña colecta para hacer unas camisetas con dibujos de Jaime y eventualmente donar lo recaudado con su venta a la investigación y a la ayuda los enfermos. Pues bien, el año pasado recaudaron y donaron seiscientos mil euros (600.000 de vellón) y están poniendo a dalecandELA en órbita. Tanto es así que este año es una de las candidatas al Premio Princesa de Asturias de la Concordia, y vaya si se merece serlo.

En fin, que eso del karma debe ser verdad, y que mucho habrá sembrado Jaime en sus cincuenta y ocho años de vida para recoger ahora esa inmensa cosecha de amigos de lealtad más que demostrada, de experiencias extraordinariamente enriquecedoras y de demostraciones de cariño de gente a la que ni siquiera conoce personalmente. Todo eso seguro que forma parte de lo que Jaime «no pensaba tener”.

Estoy convencido de que estos últimos años han sido para él una vorágine, una aventura intensísima, a veces vertiginosa y a veces también muy dura, pero con enormes recompensas. Ha conocido a gente excepcional de todos los ámbitos de la sociedad, también ha visto que gente muy famosa y/o puntera en su campo profesional, gente que no le conoce a él pero que tras conocer lo que está haciendo se ha volcado para ayudarle. No hay más que ver la lista de las personas que le han apoyado con la candidatura al Princesa de Asturias. La lista es de enmarcar. 

Jaime se ha movido y ha viajado mucho con dalecandELA, porque una de sus señas de identidad es precisamente esa: dar candela y no parar de moverse y hacer cosas porque la tarea de darle candela a la ELA por todos los flancos posibles no puede esperar. Con dalcandELA Jaime se ha embarcado en proyectos musicales muy bonitos y en retos deportivos asombrosos. Han sacado un disco, organizado conciertos, charlas, competiciones deportivas, exposiciones, rifas, tenderetes de venta de sus productos, actuaciones en TV… Todo para poner a la ELA en el candelero. En cuanto al deporte y a la música, han sido siempre las aficiones de Jaime y en ambas ha sido muy bueno, un rockero de pro encima de los escenarios y un ciclista extraordinario encima de su bici. Y además cuando le ha quedado tiempo, y a Jaime no le sobra un segundo, ha seguido dibujando y ha escrito verdaderas joyas que da gusto ver y leer, pues también en esos apartados es muy bueno. 

También ha tenido la oportunidad de explicarse en público, ha tenido buenos altavoces para hacerlo y los ha aprovechado, y lo ha hecho sin dejarse nada en el tintero, con una lucidez, claridad y sinceridad tan meridianas que ha dejado perplejos a los que han tenido la suerte de escucharle. Nos ha recordado a los más quejicas, entre los que me incluyo, que la vida es un tesoro y que cada día que vemos amanecer es un regalazo que tenemos que aprovechar al máximo, cosa que tenemos tendencia a olvidar como si por algún motivo que se me escapa creyéramos que esto no se va a acabar nunca. Jaime sabe que el tiempo es oro y no lo desperdicia, disfrutando, dentro de lo que las circunstancias le permiten, de cada segundo de la vida. No estaría mal imitarle en eso y en muchas cosas más. Porque, en definitiva, Jaime nos está dando a todos una lección de vida que jamás olvidaremos. Thanks brother.

Ahora que la enfermedad casi le impide comunicarse con la voz y le dificulta mucho la actividad física le toca reinventarse y estoy seguro de que lo hará, porque es un luchador, un superviviente y un valiente, y cada día que pasa sin rendirse Jaime y todos los enfermos están más cerca de ganar esta batalla que él lleva más de cinco años librando. Es difícil, lo sé, pero el SIDA y tantas otras enfermedades también eran incurables, hasta que un buen día dejaron de serlo, y miren cómo están hoy muchos que no hace tanto tiempo estaban casi desahuciados. Toca resistir, Jaime, y sé que lo vas a hacer.

Por último, y por si a alguien le quedaba alguna duda de que Jaime es un luchador, miren la foto de arriba. Dentro de unos días el tío va a dar en Bilbao una charla organizada por la Universidad de Deusto, irá cojeando, apoyado en su bastón y con un portavoz que le ayude a transmitir su mensaje, pero irá, sin complejos y con un par. Como siempre. Y ya les anticipo que va a dejar alucinados a los asistentes, así que si pueden no se la pierdan.

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Autor

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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