Seguidillas de Toledo, de ‘Castilla, este canto es tu canto´

SEGUIDILLAS DE TOLEDO,

del libro «Castilla, este canto es tu canto»

 

 

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

La grieta plateada

por donde luna

a la corriente baja…

es que se suma

 

al foso y a la cárcava.

Y quizá resuma

que el cielo, arriba y abajo,

por ti rezuma.

 

Toledo, eres hermana

de magia en punta,

sobre el cauce del Tajo

tu encanto abruma.

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Por tu río mojada

casi en redondo.

¡Quién se tomó el trabajo

de hacer tal foso!

 

¿O siempre esta atalaya

tuvo en su entorno

el abrazo encajado

que llaman Torno?

 

¡Qué pasión pronunciada

por ver tu rostro

el acombado río

lleva en su asombro!

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Es Toledo corona

en latina habla

que su altura pregona

¡Piedras que engasta!

 

La mayor es la gótica

catedral blanca,

iglesia que fue goda

y musulmana.

 

Segunda, sobre roca

-peña más alta-

romana y visigoda

ciudadela alza,

 

luego alcazaba mora

y castellana.

El nombre que la nombra

es el de Alcázar.

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Pero sepas me roba

la voluntad

más la abadía gótica,

la de San Juan.

 

Que sobre el río asoma

para augurar

-pico y nieve- la alondra

que alzó Juan Guas.

 

¡Qué giro el de las gotas

que en Tajo van

para mirar tus joyas,

regio San Juan!

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Luego por ver tus aguas

y sus antojos,

¡bello puente de Alcántara

cruzo tus ojos!

 

Dos veces puente clamas,

por ser un “puente”

y por serlo de “alcántara”,

doble arco riente.

 

Dos puertas fuertes

a ambos lados. Rastrillo

que más guarece.

 

Al pie, castillo breve

de San Servando,

protege más la sierpe

de agua del Tajo.

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Después las sinagogas

y las mezquitas,

los Grecos, que son obras

de Toledo hijas.

 

Las huellas visigodas

en su basílica,

concilios y coronas,

joyas votivas…

 

Puertas por las que asoma,

presta la luna,

que a la encumbrada loma

su falda suba.

 

La grieta plateada

es que se suma

-a las bóvedas albas

que rige- luna.

 

Toledo, eres labrada

sobre colina

en el centro del agua,

que te camina.

 

Ya sobre ti, la luna

mientras que mira

recuerda su fortuna;

y, al par, camina.

 

Juan Pablo Mañueco

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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