El sensitivo autobús que conduce a una Venezuela que vota NO
Son las seis de la mañana cuando cojo el autobús que me ha de conducir a la ciudad desde la que algunos dicen que se va al cielo. Pongamos que hablo de Madrid. Tras diez minutos, el libro ‘Mi querido Mijael’, del israelí Amos Oz, cae rendido sobre mis piernas dormidas. El sueño ha vencido al poder de la cafeína. Media hora o un año