Corría 1949. Una jovencita rubia —convertida ya en pelirroja para algunas sesiones, pero rubia en la memoria colectiva— buscaba abrirse hueco como modelo o, mejor todavía, en Hollywood.
Se llamaba Norma Jeane Mortenson, aunque ya firmaba sus trabajos como Marilyn Monroe. El 28 de mayo de aquel año, con apenas unos días de margen antes de cumplir 23 y con el alquiler atrasado, aceptó posar desnuda sobre una tela de terciopelo rojo para el fotógrafo Tom Kelley.
La sesión duró dos horas, de las que salieron veinticuatro fotografías; solo dos llegarían a publicarse. El retratista, agradecido, le pagó 50 dólares de la época —poco más de lo que hoy costaría una cena— y se quedó, sin saberlo todavía, con una mina de oro entre las manos.
De una tela roja a la primera portada de «Playboy»
Kelley bautizó la imagen más famosa de aquella sesión Golden Dreams: Marilyn semisentada, el brazo izquierdo doblado tras la cabeza, la mirada directa a cámara. El fotógrafo vendió los derechos de publicación a la empresa Baumgarth por 500 dólares —diez veces lo que había pagado a la modelo— y la imagen empezó una vida propia como calendario erótico de gran tirada en bares, talleres y oficinas de todo Estados Unidos. Su salto definitivo a la posteridad llegó en diciembre de 1953, cuando Hugh Hefner la eligió como portada e imagen central del primer número de Playboy: aquella cabecera recién nacida vendió más de 50.000 ejemplares gracias, en buena parte, al tirón de una fotografía que ya tenía cuatro años.
El escándalo que se convirtió en triunfo
Para entonces, Marilyn ya no era una aspirante anónima, sino una estrella en ascenso de la Twentieth Century Fox, y el pasado volvió a llamar a su puerta de la peor manera posible. En marzo de 1952, la periodista Aline Mosby destapó que la protagonista del célebre calendario desnudo era, en efecto, Marilyn Monroe. Los ejecutivos del estudio, aterrados, le recomendaron negarlo todo. Ella hizo justo lo contrario: se sentó con la propia Mosby, reconoció los hechos sin rodeos —«no me avergüenzo, no he hecho nada malo», declaró— y explicó que había posado porque necesitaba el dinero. Cuando un reportero le preguntó, meses después, si llevaba algo puesto durante la sesión, respondió con la frase que la convertiría en leyenda: «No es del todo cierto que no llevara nada puesto. Llevaba la radio encendida», una respuesta que TIME recogió el 11 de agosto de 1952. En lugar de hundir su carrera, la naturalidad con la que asumió el episodio ganó a la prensa y al público, y transformó lo que debía ser un escándalo demoledor en una demostración temprana de algo que, siete décadas después, seguimos llamando control de la narrativa.
2026: el año del centenario
La historia de aquella foto de 50 dólares vuelve a estar de actualidad porque este 2026 se cumple el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, nacida el 1 de junio de 1926. El Academy Museum of Motion Pictures de Los Ángeles dedica a la actriz la exposición Marilyn Monroe: Hollywood Icon, abierta desde finales de mayo y programada hasta febrero de 2027, mientras que la casa Heritage Auctions ha puesto en marcha la subasta conmemorativa 100 Years of Marilyn, con cartas manuscritas, fotografías, ropa y objetos personales de la actriz saliendo a la venta por primera vez. Setenta y siete años después de aquella tarde sobre el terciopelo rojo, la imagen de la joven que posó por necesidad sigue generando titulares, subastas millonarias y, sobre todo, la misma pregunta de siempre: cuánto de mito y cuánto de mujer real sobrevive bajo el símbolo sexual que ella misma ayudó a construir con una sola frase ingeniosa sobre una radio encendida.
