Crème brûlée al jarabe de arce


Si Ud. planea viajar a la Belle Région, verbigracia el Québec donde hace poco festejaron su 400 primaveras, no se pierda uno de los postres más elegantes de su dulcería, la crème brûlée con jarabe de arce.

Se confecciona en 10’, triturando 4 yemas de huevo con 8 cl. de jarabe de arce. El más oscuro desprende más aroma y la variedad de tonalidad clara, más fineza.

Para gustos, los colores, así que a experimentar, será otro placer. Hervir 50 cl. de nata espesa, verter la mezcla anterior encima, cocer a fuego muy moderado sin hervir hasta que espese ligeramente.

Distribuir en flaneros individuales y refrigerar cuatro horas en la nevera. Pocos minutos antes de servir, distribuir medio centímetro de azúcar de arce o en su defecto, azúcar blanco cristalizado, quemar con un práctico soplete o bajo el gril del horno, presentar con el apetitoso toque rojizo de unas fresitas laminadas y lenguas de gatos. ¡Exquisito!

Caro es el jarabe de arce, por sus necesarios casi 40 litros de su “agua” para fabricar un solo de esa exquisitez. Se clasifica por tonalidades, cinco al total, yendo del extra claro al oscuro. Para los puristas, cuando más pálido, más clase tiene y menos sabor.

Hasta el siglo XVIII, ese manjar se consumía entre productores y parentela. A la sazón, resultaba en esos lejanos lares mucho más económico edulcorar los alimentos con jarabe de arce que con azúcar de caña. Otro día profundizaremos sobre sus tonalidades.

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Autor

Marie José Martin Delic Karavelic

Marie José Martin Delic Karevelic, apasionada periodista culinaria autora del blog ‘Fogon’s Corner’ en Periodista Digital.

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