El Gobierno impidió que la fragata actuara después de pagar el rescate pese a tener controlados a los piratas

(PD).- Lo más obsceno es la cara de satisfacción. La de la vicepresidenta cuando convocó el sábado una rueda de prensa para anunciar festiva que los marineros del Playa de Bakio ya no estaban en manos de los secuestradores… La del ministro Moratinos, en Buenos Aires, argumentando que traer de vuelta a unos españoles «no tiene precio»… La del presidente Zapatero, al proclamar orondo, en un «59 segundos» amañado para su lucimiento, que lo que cuenta es que la tripulación del atunero sigue viva.

Escribe Alfonso Rojo en ABC que el argumento es tan obvio y tramposo que ni merece la pena discutirlo. Claro que era prioritario rescatar indemnes y traer de vuelta a esos 13 españoles. Por supuesto que la vida humana es el principal bien a proteger. Pero no todo vale.

Los sofisticados sistemas de control marítimo, terrestre y aéreo con los que está equipada la fragata «Méndez Núñez» vigilaron en tiempo real cada uno de los movimientos que los piratas, ya con el botín en las manos, realizaron durante su fuga en varias zodics después de poner en libertad a los pescadores del «Playa de Bakio».

La fragata, con un alcance de radar de 600 kilómetros, no intervino -pese a tener previsto un operativo de captura y estar a muy poca distancia del atunero- por «orden expresa» del Gobierno ZP, que ni siquiera dio luz verde para actuar contra los malhechores una vez desaparecido el riesgo para la vida de los pescadores.

Pero, como revelan D. Martínez y P. Cervilla en ABC, la fragata no sólo controló el rumbo de fuga. Durante su estancia en el Cuerno de África, vigiló al detalle lo que sucedía en el atunero. De esta forma, advirtió cómo horas antes de la liberación de los marineros una embarcación se aproximó al «Playa de Bakio» para hacer entrega, en bolsas, de parte del rescate.

En ese momento, la zona era sobrevolada por el P-3 Orion, avión de utilización naval con misiones de apoyo para profundizar en tierra adentro.
De los últimos actos de piratería registrados en aguas somalíes, el del atunero español es el único que «se resuelve» sin intervención militar.

Es decir, es el único de los registrados en fechas recientes en el que se permite a los delincuentes huir con el botín ante los ojos de un buque militar, que en el caso del «Méndez Núñez» dispone del sistema de combate más avanzado y con una alta tecnología que en el mundo, además de España, sólo la tiene la Marina de Estados Unidos.

En los secuestros anteriores, el de un yate francés y un petrolero de Dubai, intervino, en el primer caso, el ejército galo, y en el segundo, el somalí. En el del atunero español, a la fragata «sólo la dejaron ser testigo».

Subraya Alfonso Rojo que sólo faltaba que el Gobierno no hubiera apoyado al armador y volcado sus esfuerzos para garantizar la seguridad de los cautivos, pero calificar de «positivo» el asunto, como hizo Zapatero en TVE, es una ignominia.

La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, aseguró ayer que “el Gobierno ha hecho todo lo que debía y nada de lo que no debía hacer”.

De esta forma despachó las preguntas de los periodistas sobre si el Ejecutivo había pagado algún tipo de rescate para salvar la vida de los marineros.

Así, serán Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, y Elena Espinosa, ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino quienes deberán afrontar en el Congreso la misma pregunta, y demostrar hasta qué punto son diestros en el arte de la ambigüedad.

ACEPTAR EL CHANTAJE

La forma elegida por Zapatero -la «vía diplomática» que, de momento, se ha traducido en aceptar el chantaje con la entrega a los delincuentes del dinero que habían exigido- ha causado gran desconcierto -algunos lo califican de profundo malestar- entre sectores de las Fuerzas Armadas, que no logran entender el motivo por el que el Gobierno no permitió a la fragata intervenir para impedir la comisión de un delito.

Consideran que la decisión del Ejecutivo supone un serio revés para el prestigio internacional de las Fuerzas Armadas e incluso precisan que colegas europeos les han transmitido su extrañeza por el hecho de no haber intervenido contra los secuestradores somalíes, que durante seis días dieron un trato vejatario a la tripulación del atunero.

Los expertos estiman que como alternativa a un intervención directa -posibilidad que el Gobierno sólo se planteó para una situación extrema- se podía haber realizada una operación similar a la llevada a cabo por Francia en el secuestro del yate «Le Ponant», cometido el pasado 4 de abril en el Cuerno de África.

Y más cuando se daba por seguro que las autoridades somalíes no iban a poner ningún impedimento a una intervención militar española, al igual que ha ocurrido con otros países.

Muchos militares aseguran que hubiera sido perfectamente viable acometer una operación similar a la de Francia. En ella, tras realizarse el pago del rescate, el Ejército galo desplegado en la zona no perdió de vista a los secuestradores del yate «Le Ponant», hasta proceder a su captura cuando ya se encontraban en tierra firme.

Tras ser arrestados, los malhechores fueron conducidos a un portaaviones que los trasladó a Francia. Con esta actuación, según los medios informantes, Francia no sólo impidió engordar las arcas de una organización criminal, sino que permitió a su Armada estar a las alturas de las circunstancias frente a la comisión de un delito de los que eran víctimas unos compatriotas.

Los corsarios abordaron el barco con la aviesa intención de agenciarse unos milloncejos, amenazando con hacer picadillo a sus rehenes. La parte más complicada de su plan, como comprobaron hace tres semanas los asaltantes del «Ponant», era escapar con el rescate y disfrutarlo.

Por suerte para los facinerosos, después de recibir las bolsas de dinero y de repartirse los billetes en cubierta, no hubo nadie que intentara interceptarlos.

A diferencia de lo que hizo Sarkozy, nuestro siempre feliz Zapatero no ordenó a los militares españoles hundir las lanchas en que huían. Ni despachó helicópteros para acribillar su guarida.

Ni contempló la opción de capturarlos, quitarles la pasta y traérselos maniatados a Madrid.

Si unos atracadores irrumpen en un banco de Madrid y tras amenazar con ejecutar a empleados y clientes, logran que se les entregue una pasta y se les facilite libre paso hasta un paraíso tropical, ningún responsable policial presentaría los hechos como algo «positivo».

Pues igual en Somalia, con el agravante de que se ha mando un luminoso mensaje a los bandidos: «secuestren españoles, que pagan bien y no dan quebraderos de cabeza».

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído