La historia será injusta con el Bush más humano

La historia será injusta con el Bush más humano

(MICHAEL GERSON).- El día de las presidenciales de 2008 debe de haber estado repleto de paradojas pesarosas para el presidente titular. Irak, el asunto que dominó la presidencia de George W. Bush durante cinco amargos y polémicos años está al borde de una paz milagrosa. Y aún así, este logro no sirvió para restablecer la talla política de Bush o para evitar que su partido lo relegara a un plano discreto.

El logro es histórico. En 2006, Irak había degenerado en una matanza sectaria que sólo parecía probable que se detuviera cuando el suministro de víctimas se hubiera agotado. Manifestando una terquedad propia de Truman, Bush defendió escalar una guerra que la mayoría de los estadounidenses y algunos del Pentágono habían abandonado ya mentalmente.

¿El resultado? Una rebelión tribal sunita contra sus opresores de al-Qaeda, una campaña eficaz contra las milicias chiitas en Bagdad y Basora, y la huida de los jihadistas de Irak a campos de batalla menos mortales. En una atmósfera más estable, los políticos de Irak han realizado progresos políticos dramáticos. El ejército iraquí y las filas de la policía han crecido de tamaño y eficacia y ahora controlan por completo 13 de las 18 provincias de Irak. Y durante el mes anterior a las elecciones, las muertes estadounidenses en combate alcanzaban el nivel más bajo de toda la guerra.

Durante años, los críticos de la Guerra de Irak plantearon una pregunta con sátira: «¿qué aspecto tendría una victoria?» Si los progresos continúan, podría parecerse a lo que hemos visto.

Pero el Air Force One, visto normalmente durante las elecciones presidenciales dirigiéndose a estados sin decidir para los actos de campaña estuvo aparcado durante esta campaña gran parte del tiempo. El Presidente Bush hizo acto de aparición junto a John McCain en público un total de tres veces y aparecía en la retórica de McCain como contrariedad la mayor parte de las veces.

Este parece ser el sino actual de Bush: ni siquiera el éxito granjea alabanza alguna. Y las razones probablemente se refieran a Irak. La ausencia de polvorines de armas de destrucción masiva tras la guerra supuso un revés enorme. La conducta primera de la ocupación de Irak resultó terriblemente ineficaz. Y las esperanzas de que la guerra hubiera dado un giro motivadas repetidamente por iraquíes votando con dedos manchados de tinta y aprobando una constitución fueron frustradas en demasiadas ocasiones, hasta que muchos estadounidenses se volvieron poco dispuestos a creer nada más.

Los fracasos iniciales en Irak funcionaron igual que un eclipse solar, bloqueando la luz de cada avance nuevo. Pero esos avances, desaparecido finalmente el eclipse, son considerables en comparación con cualquier presidencia. Debido a la aprobación de Medicare Part D, casi 10 millones de ancianos de renta baja reciben recetas gratuitas o abonan una parte del importe. La reforma educativa de No Child Left Behind ha ayudado a elevar la nota media en habilidad lectora de los alumnos de cuarto año a su nivel más alto en 15, y ha reducido el vacío en los progresos entre los alumnos blancos y afroamericanos. El Plan de Ayuda de Emergencia del Presidente para el Sida ha proporcionado tratamiento a más de 1,7 millones de personas, y cuidados paliativos a 2,7 millones de huérfanos y niños vulnerables por lo menos. Y la decisión de optar por el incremento en Irak será estudiada como modelo de dirección presidencial.

Estos avances, es cierto, cuentan con audiencias limitadas para elogiarlos. Muchos conservadores ven Medicare, la reforma de la educación o la ayuda exterior como herejías. Muchos progres se niegan a reconocer la humanidad de Bush, y mucho menos sus logros.

Pero esa humanidad es exactamente lo que recordaré. He visto mostrar al Presidente Bush más lealtad de la que se le ha mostrado, más generosidad de la que ha recibido. He visto su resistencia bajo el peso de la mala voluntad y su perdón a amigos desleales. En repetidas ocasiones he visto el tirón natural de su orgullo superado rápidamente por una decencia más profunda una decencia cautivadora en privado y consecuente en público.

Antes de la cumbre del G8 en 2005, los altos funcionarios de la Casa Blanca se opusieron de forma aplastante a una nueva iniciativa encaminada a combatir la malaria en África por razones de coste e ideología una medida diseñada para salvar centenares de miles de vidas, principalmente de niños de menos de 5 años. En la crucial reunión política, una persona la apoyó: el Presidente de los Estados Unidos, cerrando un debate con un convencimiento moral que otros han criticado. Vi cómo este marco moral le conducía a la identificación inmediata con la infancia moribunda de África, la disidencia china, los ex esclavos sudaneses, la defensa de las mujeres birmanas. Es el motivo de que no sea cínico nunca con el gobierno ni con el Presidente Bush.

Para algunos, esta imagen de Bush está tan separada de su propio concepto que debe ser rechazada. Eso es, quizá, comprensible. Pero significa poco para mí. Porque he visto la decencia de George W. Bush.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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