Hoy, viernes 16 de mayo de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, concluye su primera gira internacional de su segundo mandato por Oriente Medio, un viaje que comenzó el pasado martes y que ha incluido visitas a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Esta gira marca un aparente cambio en la política exterior del mandatario, alejándose del aislacionismo que caracterizó su doctrina «America First» durante su primer mandato y adoptando un enfoque más globalista, aunque siempre bajo la premisa de obtener beneficios tangibles para Estados Unidos.
La visita de Trump a la región no es casualidad. Al igual que en 2017, cuando eligió Arabia Saudí como destino de su primer viaje bilateral en el extranjero, el presidente estadounidense ha vuelto a priorizar sus relaciones con los países del Golfo, ricos en petróleo y con una enorme capacidad de inversión. El objetivo principal: conseguir acuerdos comerciales y de inversión por valor de al menos un billón de dólares.
Transaccionalismo sobre diplomacia tradicional
La gira de Trump por Oriente Medio ha estado marcada por un claro enfoque transaccional. Según Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, «el principal propósito del viaje será dar al presidente algunas victorias. Se anunciarán acuerdos comerciales y de inversión que pulirán la imagen del presidente como negociador. Surgirán grandes cifras».
Entre los acuerdos más destacados que se han anunciado o se espera que se anuncien durante esta visita se encuentran ventas de armas a Arabia Saudí por valor de 100.000 millones de dólares y la compra por parte de Qatar de 100 aviones comerciales del fabricante estadounidense Boeing. Por su parte, Emiratos Árabes Unidos ya se adelantó durante la visita de su asesor de seguridad nacional, Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, a la Casa Blanca en marzo, anunciando una serie de acuerdos tecnológicos y energéticos con el compromiso de invertir 1,4 billones de dólares en Estados Unidos durante los próximos diez años.
Este enfoque transaccional refleja una continuidad con respecto a su primer mandato, pero también una evolución en su política exterior. Trump parece haber comprendido que, para mantener la influencia estadounidense en una región cada vez más disputada por potencias como China y Rusia, necesita involucrarse activamente, aunque siempre bajo la premisa de obtener beneficios concretos para Estados Unidos.
Controversias y líneas difusas
No obstante, algunos de los acuerdos propuestos durante esta gira han generado alarma en Washington por difuminar las líneas entre los poderes presidenciales de Trump y sus beneficios personales. El caso más polémico es el supuesto regalo por parte de Qatar de un lujoso avión Boeing 747 valorado en 400 millones de dólares, conocido como el «palacio en el cielo», con la estipulación de que Trump lo utilizará como Air Force One durante el resto de su mandato antes de transferirlo a la fundación de su biblioteca presidencial.
Aunque Trump ha defendido que se trata de «una transacción muy pública y transparente», varios senadores demócratas, entre ellos Brian Schatz, Cory Booker, Chris Murphy y Chris Coons, han alertado de que este tipo de regalo «crea un claro conflicto de intereses, plantea serias cuestiones de seguridad nacional, invita a la influencia extranjera y socava la confianza pública en nuestro gobierno».
Por su parte, el agregado de medios de Qatar en Washington, Ali Al-Ansari, ha descrito los informes sobre este regalo como «inexactos», señalando que «la posible transferencia de una aeronave para uso temporal como Air Force One está actualmente en consideración entre el Ministerio de Defensa de Qatar y el Departamento de Defensa de EE.UU., pero el asunto sigue bajo revisión por los respectivos departamentos legales, y no se ha tomado ninguna decisión».
Un Oriente Medio en transición
La visita de Trump se produce en un momento de importantes cambios en la región. Según el Instituto de Oriente Medio (MEI), la región está experimentando una transición significativa, con países como Siria reintegrándose gradualmente en la comunidad internacional.
Los países del Golfo están bien posicionados para navegar los vaivenes políticos de la segunda administración Trump, y se espera que durante su visita presionen al presidente estadounidense para que vea a Siria como una oportunidad más que como una amenaza. De hecho, se están realizando esfuerzos para organizar un encuentro entre el presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, y Trump durante su estancia en Arabia Saudí.
Este posible acercamiento a Siria representaría un cambio significativo en la política exterior de Trump, quien hasta ahora ha mantenido una distancia considerable respecto a este país, impulsado por un profundo escepticismo hacia el papel desempeñado por el presidente islamista Ahmed al-Sharaa y los restos de su movimiento Hayat Tahrir al-Sham.
Implicaciones para la política exterior estadounidense
La gira de Trump por Oriente Medio sugiere que el presidente está dispuesto a abandonar parcialmente su doctrina aislacionista «America First» cuando ve oportunidades económicas claras para Estados Unidos. Este enfoque pragmático podría definir su política exterior durante su segundo mandato.
Sin embargo, esta aparente evolución hacia un mayor compromiso internacional no debe confundirse con un abandono total de su visión transaccional de las relaciones internacionales. Trump sigue viendo la política exterior principalmente como una extensión de sus habilidades de negociación empresarial, buscando acuerdos que pueda presentar como victorias ante su base electoral.
El desafío para la administración Trump será equilibrar este enfoque transaccional con las complejas realidades geopolíticas de Oriente Medio, una región donde los intereses económicos a menudo se entrelazan con cuestiones de seguridad nacional, derechos humanos y estabilidad regional.
Mientras tanto, los líderes del Golfo parecen haber aprendido a navegar las peculiaridades de la diplomacia trumpiana, ofreciendo acuerdos económicos lucrativos a cambio de un mayor acceso a la tecnología estadounidense y un respaldo político que les permita consolidar su influencia regional frente a rivales como Irán.
En definitiva, el viaje de Trump a Oriente Medio marca un punto de inflexión en su política exterior, señalando una disposición a participar más activamente en los asuntos internacionales, siempre y cuando esa participación se traduzca en beneficios tangibles para Estados Unidos. Queda por ver si este enfoque más globalista, aunque fundamentalmente transaccional, será suficiente para abordar los complejos desafíos que enfrenta la región y salvaguardar los intereses estratégicos estadounidenses a largo plazo.
