Hoy, 7 de junio de 2025, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha confirmado oficialmente lo que muchos sospechaban: Israel está armando a un grupo palestino opositor a Hamás en la Franja de Gaza.
Esta revelación llega tras las declaraciones del exministro de Defensa Avigdor Liberman, quien acusó al gobierno de «dar armas a un grupo de criminales y delincuentes» bajo las órdenes directas de Netanyahu.
«¿Qué filtró Liberman? ¿Que fuentes de seguridad activaron un clan en Gaza que se opone a Hamás? ¿Qué hay de malo en eso?», declaró Netanyahu en un video publicado en redes sociales el jueves.
«Es solo bueno, está salvando vidas de soldados israelíes».
El grupo en cuestión es el clan Abu Shabab, liderado por Yasser Abu Shabab, un señor de la guerra beduino originario de Rafah.
Según el European Council on Foreign Relations (ECFR), Abu Shabab dirige una «banda criminal que opera en el área de Rafah y que es ampliamente acusada de saquear camiones de ayuda».
El ascenso de un clan criminal a milicia respaldada por Israel
Yasser Abu Shabab pertenece a la familia Tarabin, parte de una tribu beduina que se extiende a través de la frontera entre Gaza y la península del Sinaí en Egipto. Según Michael Milshtein, experto en asuntos palestinos del Centro Moshe Dayan en Tel Aviv, algunos miembros de esta tribu han estado involucrados en «todo tipo de actividades criminales, contrabando de drogas y cosas por el estilo».
El historial criminal de Abu Shabab no es ningún secreto. El ECFR señala que «se informa que anteriormente fue encarcelado por Hamás por contrabando de drogas. Se dice que su hermano fue asesinado por Hamás durante una represión contra los ataques del grupo a convoyes de ayuda de la ONU». Recientemente, Hamás habría matado a cuatro miembros más de esta banda.
A pesar de estos antecedentes, o quizás debido a ellos, las autoridades israelíes vieron en Abu Shabab un potencial aliado contra Hamás. Como explica Milshtein: «Parece que en realidad el Shabak (agencia de seguridad israelí) o el (ejército) pensaron que era una idea maravillosa convertir a esta pandilla en un representante, darles armas, dinero y protección» de las operaciones militares.
Una estrategia controvertida con precedentes peligrosos
La decisión de armar al clan Abu Shabab ha generado fuertes críticas dentro de Israel. Yair Golan, líder de Los Demócratas, ha acusado a Netanyahu de repetir errores del pasado al apoyar a grupos armados para contrarrestar a Hamás, recordando la política previa de permitir fondos a Hamás para debilitar a la Autoridad Palestina.
Esta estrategia no es nueva. Según reportes, en 2019 Netanyahu habría dicho en una reunión del Likud que apoyar a Hamás era una forma de bloquear un Estado palestino. Una postura similar fue expresada por Bezalel Smotrich, actual ministro de Finanzas, en 2015.
La ironía es evidente: Israel ahora arma a un grupo criminal para combatir a Hamás, la misma organización que anteriormente fortaleció para debilitar a la Autoridad Palestina. Esta política de «divide y vencerás» parece ser un patrón recurrente en la estrategia israelí hacia los palestinos.
Los mafiosos clanes palestinos: una realidad compleja en Gaza
El fenómeno de los clanes mafiosos en Gaza no es nuevo. Estas estructuras tribales, especialmente entre las comunidades beduinas, han operado históricamente en los márgenes de la sociedad palestina, dedicándose al contrabando, tráfico de drogas y otras actividades ilícitas aprovechando su conocimiento del terreno y las conexiones familiares que atraviesan fronteras.
Con el colapso de las estructuras de gobierno en Gaza tras más de ocho meses de guerra, estos clanes han encontrado un espacio para expandir su influencia. El clan Abu Shabab ha emergido como una fuerza líder en este contexto, presentándose ahora como una alternativa «legítima» a Hamás.
En sus recientes comunicados, el grupo afirma operar «bajo el amparo de la legitimidad palestina» y coordinar con la Autoridad Palestina para establecer una «zona libre de Hamás» en el este de Rafah. En videos difundidos en redes sociales, se ve a hombres armados con rifles de asalto y equipamiento militar en perfecto estado, portando la bandera palestina en cascos y chalecos mientras distribuyen ayuda humanitaria.
Sin embargo, esta imagen de benefactores contrasta con las acusaciones de saqueo sistemático de convoyes humanitarios desde el inicio de la ofensiva israelí. Según diversas fuentes, el grupo cuenta con aproximadamente un centenar de hombres armados que operan con la aprobación tácita del ejército israelí.
Las conspiraciones constantes del Mossad: una historia de alianzas tácticas
La estrategia de utilizar grupos locales como proxies no es exclusiva de la actual crisis en Gaza, sino que forma parte del repertorio habitual de los servicios de inteligencia israelíes, particularmente el Mossad. A lo largo de décadas, Israel ha cultivado relaciones con diversos grupos étnicos, religiosos y tribales en Oriente Medio para avanzar sus intereses estratégicos.
El caso de Abu Shabab refleja esta tradición de buscar aliados improbables. Como confirma el portavoz del ejército israelí, el general de brigada Effie Defrin: «Puedo decir que estamos operando de diversas maneras contra el gobierno de Hamás», una declaración deliberadamente vaga que sugiere un enfoque multifacético que incluye el apoyo a facciones rivales.
Esta táctica de identificar y explotar divisiones internas es característica de las operaciones encubiertas del Mossad. En el caso de Gaza, la elección de un clan beduino con conexiones transfronterizas ofrece ventajas evidentes: conocimiento del terreno, redes de contrabando establecidas y, crucialmente, un antagonismo preexistente con Hamás.
El impacto humanitario y las acusaciones cruzadas
La estrategia de armar al clan Abu Shabab ha intensificado las tensiones en Gaza y complicado aún más la ya crítica situación humanitaria. Hamás ha acusado a Israel de usar la ayuda humanitaria como arma, señalando incidentes como el ataque en Rafah el 1 de junio, donde el ministerio de salud controlado por Hamás reportó 31 muertos en un centro de distribución de ayuda.
Israel negó haber disparado contra civiles, y la Gaza Humanitarian Foundation calificó los reportes como «falsos». Una investigación de CNN sugirió que las FDI estuvieron detrás del incidente, algo que Israel continúa revisando.
En este contexto, el papel del clan Abu Shabab en la distribución y posible desvío de ayuda humanitaria genera preocupaciones adicionales. Las acusaciones de saqueo de convoyes humanitarios plantean serias dudas sobre la idoneidad de este grupo como socio, incluso desde una perspectiva puramente pragmática.
Un futuro incierto para Gaza
La emergencia del clan Abu Shabab como actor armado respaldado por Israel añade una nueva capa de complejidad al ya intrincado panorama de Gaza. Mientras Netanyahu defiende esta estrategia como una forma de «salvar vidas israelíes», críticos dentro y fuera de Israel advierten sobre los peligros de repetir errores del pasado.
La historia reciente de Oriente Medio está repleta de ejemplos donde grupos armados apoyados por potencias extranjeras terminaron convirtiéndose en problemas mayores que aquellos que pretendían resolver. El propio Hamás, cuya influencia Israel ayudó a crecer en décadas pasadas como contrapeso a la OLP, es quizás el ejemplo más doloroso de esta dinámica.
Mientras tanto, la población civil de Gaza sigue atrapada en un conflicto que ha alcanzado niveles de violencia sin precedentes. Según el informe de 2024 del Secretario General de la ONU sobre Niños y Conflictos Armados, se verificaron más de 8.000 violaciones graves contra niños en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados, «el número más alto de violaciones graves jamás registrado en una sola situación de conflicto en un informe anual».
En este contexto devastador, la aparición de nuevos actores armados, especialmente aquellos con historiales criminales conocidos, difícilmente puede verse como un desarrollo positivo para los civiles palestinos atrapados en el conflicto.
La apuesta de Netanyahu por Abu Shabab representa una continuación de políticas que han contribuido a la fragmentación de la sociedad palestina. Si bien puede ofrecer ventajas tácticas a corto plazo, la historia sugiere que tales estrategias rara vez conducen a una paz duradera o a una mejora en las condiciones de vida de los civiles afectados por el conflicto.
