Israel ha descabeza a la cúpula del régimen de los ayatolás

¿Quiénes eran los líderes militares y científicos nucleares a los que Irán despide con funerales masivos?

Cientos de miles llenan las calles de Teherán para despedir a los altos mandos de la Guardia Revolucionaria y científicos nucleares fallecidos

Israel ha descabezado la cúpula militar y científica de Irán
Israel ha descabezado la cúpula militar y científica de Irán. PD

Brutal.

Meticuloso e implacable.

Como siempre que anda por medio el Mossad e Israel arregla cuentas con sus enemigos.

Hoy, 29 de junio de 2025, la capital iraní ha sido testigo de uno de los funerales de Estado más multitudinarios de su historia reciente.

La ceremonia ha servido para despedir a cerca de 60 altos mandos militares y científicos nucleares, víctimas de los ataques israelíes que han marcado los últimos doce días de confrontación entre ambos países.

Las imágenes muestran a miles de personas vestidas de negro, portando banderas y fotografías de los fallecidos, mientras corean consignas contra Israel y Estados Unidos.

El cortejo fúnebre recorrió once kilómetros entre la plaza Enghelab y la plaza Azadi, con los féretros cubiertos por la bandera nacional y escoltados por camiones.

El funeral no solo refleja el dolor de una nación, sino también el impacto estratégico que supone la pérdida de figuras clave en el entramado militar y nuclear iraní.

Entre los muertos destacan Hossein Salami, jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica desde 2019, y Amir Ali Hajizadeh, responsable del programa de misiles y drones. Ambos han sido blancos prioritarios del ejército israelí por su papel en la defensa y el desarrollo armamentístico del país. Junto a ellos han caído otros generales como Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, así como varios científicos nucleares cuyos nombres ya forman parte del recuento oficial: Fereydoun Abbasi-Davani, exjefe de la Organización de Energía Atómica, Mohammad-Mehdi Tehranchi y otros expertos cuya muerte supone un golpe directo al programa nuclear iraní.

En un movimiento audaz y sin precedentes, Israel ha asestado un duro golpe a la infraestructura militar y científica de Irán, eliminando a figuras clave de su programa nuclear y de las Fuerzas Armadas en una serie de ataques quirúrgicos iniciados el 13 de junio de 2025, bajo la operación bautizada como Operación León Naciente.

Los bombardeos israelíes, ejecutados con una combinación de ataques aéreos, operaciones de comandos y la intervención del Mossad, tuvieron como objetivo principal desmantelar el programa nuclear iraní y neutralizar su capacidad militar estratégica.

Entre las bajas confirmadas se encuentran figuras de alto calibre como Hossein Salami, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica, Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, y Amir Ali Hajizadeh, comandante de la Fuerza Aeroespacial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, además de destacados científicos nucleares como Mohammad Reza Seddiqi y el supervisor del Plan Amad, Dr. Tehranchi.

Los ataques, que alcanzaron instalaciones críticas como las plantas de enriquecimiento de uranio en Natanz, Fordow e Isfahán, han causado daños significativos a la infraestructura nuclear iraní.

Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), las salas de centrifugadoras subterráneas en Natanz sufrieron “impactos directos”, mientras que la planta en superficie quedó “completamente destruida”. Además, se reportaron ataques contra bases militares estratégicas, como la base aérea de Tabriz y el complejo de misiles en Kermanshah, debilitando las capacidades defensivas y ofensivas de Irán.

El éxito de la operación israelí se atribuye a una sofisticada coordinación entre la Fuerza Aérea Israelí (FDI) y el Mossad, que infiltró armamento de precisión y estableció una base secreta de drones en territorio iraní para neutralizar los sistemas de defensa aérea. Esta maniobra permitió a Israel operar con superioridad aérea, explotando las limitaciones de la anticuada fuerza aérea iraní, afectada por años de sanciones internacionales.

Efectos a medio plazo: desestabilización y represalias

A corto y medio plazo, el impacto de estos ataques es profundo y multifacético. La eliminación de la cúpula militar y científica iraní ha generado un vacío de liderazgo que podría paralizar temporalmente la capacidad de Teherán para coordinar respuestas estratégicas efectivas. La pérdida de Hossein Salami y otros comandantes clave debilita la estructura de mando de la Guardia Revolucionaria, una institución central en la defensa y proyección de poder de Irán. Asimismo, la muerte de científicos nucleares retrasa significativamente el programa nuclear, que, según estimaciones, podría haberse acercado a la capacidad de producir hasta 15 ojivas nucleares.

Sin embargo, Irán ha respondido con una serie de contraataques, lanzando más de 100 misiles balísticos y drones bajo la Operación Verdadera Promesa III, dirigidos contra objetivos militares y civiles en Israel, como Tel Aviv y Jerusalén.

Aunque muchos de estos proyectiles fueron interceptados por los avanzados sistemas de defensa aérea israelíes, algunos lograron impactar, causando al menos 24 muertos y daños en infraestructuras críticas. Esta escalada ha elevado las tensiones en la región, con Irán amenazando con atacar bases estadounidenses en el Golfo si Washington intensifica su apoyo a Israel.

La intervención estadounidense, que incluyó bombardeos contra tres instalaciones nucleares iraníes el 21 de junio de 2025 (Operación Martillo de Medianoche), ha complicado aún más el escenario. Aunque el presidente Donald Trump calificó los ataques como un “éxito espectacular”, informes de inteligencia sugieren que el programa nuclear iraní podría reactivarse en meses, posiblemente de manera más clandestina, lo que dificultaría su monitoreo.

Un nuevo paradigma regional

A largo plazo, los efectos de esta ofensiva podrían redefinir el equilibrio de poder en Oriente Próximo. La neutralización parcial del programa nuclear iraní refuerza la posición de Israel como potencia militar dominante en la región, consolidando su narrativa de que Irán representa una “amenaza existencial”. Sin embargo, esta acción también ha exacerbado la hostilidad de Teherán, que podría optar por una estrategia de guerra asimétrica, utilizando aliados como Hezbolá o los hutíes para atacar intereses israelíes y estadounidenses.

La comunidad internacional, dividida en sus reacciones, refleja la complejidad del conflicto. Mientras países como Reino Unido y la OTAN han respaldado tácitamente los ataques al considerar el programa nuclear iraní una amenaza global, otros, como China, Egipto y Arabia Saudita, han condenado la violación de la soberanía iraní y abogan por una solución diplomática. La incapacidad de organismos internacionales como la ONU para mediar efectivamente pone de manifiesto las limitaciones del derecho internacional en conflictos de esta magnitud.

Por otro lado, la percepción de debilidad de Irán tras estos ataques podría alentar disidencia interna. Figuras como Reza Pahlavi, el príncipe heredero en el exilio, han instado a aprovechar este momento para impulsar un cambio de régimen, aunque analistas advierten que una desestabilización abrupta podría sumir a Irán en el caos, con consecuencias impredecibles para la región.

El contexto político es tenso. La tregua actual es frágil, con amenazas cruzadas y una situación regional que sigue siendo volátil. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha estado presente en los actos, mientras que el líder supremo, Ali Jamenei, no ha aparecido en público desde antes del inicio de los ataques. Sí han participado figuras como el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, y el general Esmail Qaani, jefe de la Fuerza Quds, encargada de operaciones en el extranjero. Otro rostro destacado ha sido el general Ali Shamkhani, asesor del líder supremo, que resultó herido en uno de los ataques y ha comparecido públicamente con bastón.

La pérdida de estos líderes militares y científicos nucleares no solo afecta al tejido institucional iraní; también tiene consecuencias geopolíticas inmediatas. Israel ha justificado sus ataques como una operación destinada a frenar el avance del programa nuclear iraní. Según fuentes israelíes, se eliminaron a más de una decena de científicos nucleares —algunos mientras dormían en sus casas— y unos treinta altos mandos militares, utilizando más de quinientos misiles y mil bombas en lo que han llamado “Operación Narnia”. Este tipo de acciones selectivas buscan desmantelar la columna vertebral del conocimiento nuclear y militar iraní, con un impacto directo en proyectos clave para Teherán.

Los antecedentes ayudan a entender la magnitud del golpe. Desde hace años, Irán ha sido objeto de sanciones internacionales por su programa nuclear. La eliminación selectiva de científicos ya ocurrió en el pasado —con figuras como Mohsen Fakhrizadeh— pero nunca antes se había producido un ataque tan coordinado contra tantas personalidades relevantes al mismo tiempo. La estrategia israelí ha consistido en priorizar objetivos según su importancia para el programa nuclear, clasificando a los científicos en cuatro niveles según su relevancia estratégica.

El impacto inmediato es doble: por un lado, la pérdida humana y técnica supone un retroceso importante para Irán; por otro, la respuesta popular muestra una unidad nacional frente a lo que muchos ven como una agresión externa. Los medios estatales han difundido imágenes masivas del funeral, aunque las cifras exactas —más allá del millón según algunas fuentes— son difíciles de verificar independientemente. El gobierno iraní ha prometido “firme venganza” y responsabiliza tanto a Israel como a Estados Unidos por las muertes.

La evolución futura es incierta. La tregua actual se mantiene bajo presión, con declaraciones beligerantes desde ambos bandos. El hecho de que Donald Trump haya vuelto a amenazar públicamente añade otra capa de incertidumbre al escenario internacional. Irán se enfrenta ahora a un reto interno: reorganizar sus estructuras militares y científicas tras la pérdida irreparable de decenas de sus mejores expertos. A nivel externo, cualquier movimiento equivocado puede desencadenar una nueva escalada militar.

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