Lo tremendo es que tienen razón.
Y que el marido de Begoña no hace todo eso por convicción o principios, sino por mezquino interés.
Hoy, 27 de junio de 2025, la crisis diplomática entre Israel y el Gobierno de Pedro Sánchez ha alcanzado un nuevo nivel de gravedad. La embajada israelí en Madrid ha acusado públicamente al Ejecutivo español de liderar una «cruzada antisemita mundial» y de situar a España «en el lado equivocado de la historia». La tensión se dispara tras meses de desencuentros, declaraciones incendiarias y gestos políticos que han agrietado una relación ya erosionada desde el inicio del conflicto en Gaza.
El detonante reciente ha sido un comunicado especialmente duro difundido por la legación diplomática israelí. En él, Jerusalén no solo carga contra la política exterior del llamado Gobierno Frankenstein —apelativo que emplea para referirse al heterogéneo gabinete encabezado por Sánchez— sino que le acusa directamente de «no condenar nunca los ataques terroristas contra civiles israelíes», permitiendo incluso la apología del terrorismo en suelo español.
Las acusaciones israelíes: antisemitismo y permisividad con el terrorismo
No es la primera vez que Israel utiliza este tipo de lenguaje. Desde hace meses, el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu sostiene que algunas posiciones del Gobierno español —como el reconocimiento del Estado palestino o la adhesión al caso contra Israel en la Corte Internacional de Justicia— equivalen a un respaldo implícito a Hamás y una traición a los valores occidentales. El Ministerio israelí de Asuntos Exteriores ya señaló en informes anteriores a Sánchez como parte de una supuesta “izquierda radical antisemita” europea.
En octubre pasado, la embajada israelí acusó abiertamente al Gobierno español de «permitir la apología del terrorismo y la celebración de los crímenes contra la humanidad perpetrados por Hamás» tras autorizar marchas en Madrid donde se corearon consignas como «¡No es terrorismo, es resistencia!» en el aniversario del ataque del 7-O. El malestar se agravó cuando Sánchez declaró en sede parlamentaria que “nosotros no comerciamos con un Estado genocida”, palabras que desencadenaron la convocatoria inmediata de la embajadora española en Tel Aviv para una reprimenda oficial.
Respuestas desde Madrid: defensa política y gestos simbólicos
La reacción desde el Gobierno español no se ha hecho esperar. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha respondido en redes sociales defendiendo que España está “en el lado correcto de la historia”, acompañando su mensaje con imágenes del recibimiento a niños gazatíes con cáncer trasladados a hospitales españoles para recibir tratamiento médico. Otros miembros del Ejecutivo y aliados parlamentarios han insistido en que defender los derechos humanos y denunciar los excesos militares israelíes es estar “del lado correcto”.
Además, el Ministerio de Exteriores español ha convocado al encargado de negocios israelí para expresar su protesta por lo que consideran un comunicado “inaceptable” por parte de Israel. El jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, ha calificado en ocasiones anteriores estas acusaciones como «fuera de lugar» y ha recordado que España es un país donde cualquier forma de incitación al odio o antisemitismo está perseguida penalmente.
Un contexto internacional cargado y antecedentes recientes
Las desavenencias entre ambos gobiernos se han intensificado desde los ataques terroristas del 7 de octubre perpetrados por Hamás, seguidos por una ofensiva militar israelí sobre Gaza. El reconocimiento español del Estado palestino fue interpretado por Jerusalén como un “premio” al terrorismo, mientras que sectores judíos europeos han señalado una creciente sensación de inseguridad vinculada a las posiciones diplomáticas adoptadas por Madrid.
La comunidad judía española también ha expresado su inquietud. Organizaciones como la European Jewish Association consideran que Sánchez se ha convertido en “el principal agitador anti-Israel en la Unión Europea”. A nivel internacional, otros líderes europeos críticos con Israel, como Emmanuel Macron, han recibido ataques similares desde Tel Aviv, lo que apunta a una estrategia comunicativa más amplia por parte del gobierno israelí para aislar diplomáticamente a quienes denuncian su actuación militar en Gaza.
Claves para entender el choque: política interna e imagen internacional
- El uso reiterado del término “genocidio” por parte del Gobierno español ha tensionado aún más unas relaciones ya frágiles.
- La falta actual de embajador israelí en Madrid evidencia hasta qué punto las relaciones bilaterales están congeladas.
- Las acusaciones cruzadas alimentan tanto el debate interno español —donde partidos como Sumar piden romper todas las relaciones con Israel— como el clima político internacional.
- Israel percibe los gestos españoles como una amenaza existencial, mientras que desde La Moncloa defienden su postura como alineada con los derechos humanos y la legalidad internacional.
Perspectivas: ¿Escalada o distensión?
A corto plazo no se vislumbra una distensión sencilla. El cruce público de reproches dificulta cualquier acercamiento inmediato. En círculos diplomáticos se teme que esta espiral termine afectando áreas clave como cooperación económica, defensa o intercambios culturales. La presión internacional sobre Israel para frenar su ofensiva en Gaza sigue aumentando, pero Jerusalén parece decidida a responder con dureza ante cualquier crítica proveniente del exterior.
Al final, este nuevo episodio refleja cómo las posiciones sobre el conflicto palestino-israelí marcan fronteras políticas y éticas dentro y fuera de Europa. Para el Gobierno español supone un reto: mantener su compromiso con los derechos humanos sin aislarse completamente en la escena internacional. Para Israel, representa otra batalla más allá del campo militar: la lucha por controlar el relato y frenar lo que percibe como una ofensiva global contra su legitimidad.
Hoy, 27 de junio de 2025, queda claro que las heridas abiertas tardarán mucho en cicatrizar.
