El ultraderechista Anders Behring Breivik, autor confeso del doble atentado del 22 de julio de 2011 en Noruega, en el que murieron 77 personas, saludó este 16 de abril de 2012 con el brazo extendido y el puño cerrado al entrar en la sala donde dentro de unos minutos comenzará el juicio contra él.
Tras este gesto altenero, Breivik aseguró que no reconcía a los tribunales noruegos «porque han recibido su mandato de los partidos políticos que apoyan el multiculturalismo».
De hecho se dirigió directamente a la juez principal, Wenche Elizabeth Arntzen, a la que considera inhabilitada para juzgarle, porque «es conocido que es amiga» de Hanne Harlem, hermana de la ex primera ministra laborista Gro Harlem Brundtland, uno de los objetivos del homicida de Oslo.
En su primera declaración ante el tribunal Breivik se declaró «no culpable».
«Reconozco los hechos, pero no la culpabilidad. Actué en defensa propia», dijo Breivik a la pregunta de la juez, después de que la fiscal Inga Bejer Engh leyera la acusación en su contra, cuyas líneas generales ya habían sido difundidas hace un mes.
Durante una hora, Engh repasó los 77 «homicidios premeditados», además de un delito de terrorismo, de que está acusado Breivik.
La fiscal hizo una descripción breve de cada víctima mortal y cada herido en el doble atentado: primero con un coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo y luego en la isla de Utøya, al oeste de la capital, donde asesinó a 69 personas que asistían al campamento de las Juventudes Laboristas.
Engh, que dijo que los crímenes tienen una dimensión «nunca antes vista en nuestra historia moderna», se limitó a nombrar a cada víctima, decir dónde estaba y cómo murió o resultó herida.
Breivik permaneció impasible, con la cabeza agachada y mirando hacia abajo, mientras en la sala en silencio algunos de los familiares de las víctimas lloraban o cerraban los ojos, aunque ninguno abandonó el recinto.
La primera jornada del juicio, que durará diez semanas, incluirá la lectura de la acusación y las intervenciones introductorias de las dos partes.
Hasta el tramo final del juicio la Fiscalía no decidirá qué pena solicita para él: ingreso en un psiquiátrico o condena de cárcel de 21 años más custodia, una figura que puede equivaler a cadena perpetua, ya que si se estima que sigue siendo un peligro social, puede ser recluido de forma indefinida.

