Francia refuerza su seguridad ante la ola de ataques de «lobos solitarios»

El sueño del asesino

El sueño del asesino
Islam, musulmanes, yihad, islamista y violencia. ET

En el siglo pasado, marcado por la Guerra Fría, la paranoia eran los ‘durmientes’, los agentes soviéticos que la URSS había implantado en Occidente camuflados de familias felices y que se activaban cuando llegaba la orden del KGB.

En la primera década del siglo XXI, además de los atentados masivos de Al Qaeda, cobró cuerpo la incógnita de los ‘conversos’, ciudadanos con nombres y documentos corrientes, que abrazaban con fervor la fe del Islam y se prestaban a servir de mensajeros de la muerte.

Ahora, junto a todas esas amenazas, toma cuerpo otra espantosa: el lobo solitario, sin contactos, estructuras o planes, que cocido en su propio odio decide un día asesinar al primer inocente que se cruce en su camino.

El checheno Dzhokhar Tsarnaev y su hermano Tamerlan, llegados como refugiados políticos a EEUU en 2002 y que once años después convirtieron en un matadero la meta del Maratón de Boston, son un ejemplo sofisticado.

Lo que se nos viene encima son ahora tipos como el que el sábado irrumpió dando cuchilladas en una comisaría francesa e hirió a tres policías, o fanáticos como el que el domingo arrolló con su coche a los peatones que esperaban en una parada de Dijón o el que el lunes embistió con su furgoneta a los parroquianos en un mercadillo de Nantes.

Los único que tenían en común todos ellos, es que gritaban «¡Alá es grande!» a la hora de matar.

 

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