El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Un «no» sobradamente argumentado, excelente obsequio

En esa continua oscilación o zigzagueo por el que fluye y discurre o transita la vida, yendo de un lado al otro, de una a la otra vera, los padres españoles de hoy en día, atónitos (vocablo que tiene mucho que ver y hasta una significación cercana a la de atontados) y como con el susto metido en el cuerpo, por no saber a qué atenerse, con qué carta quedarse, en fin, cómo comportarse en cantidad de situaciones conflictivas, fueran éstas coprotagonizadas, o no, por y con sus hijos, si no han dimitido ya de su condición de progenitores, o son unos expertos en sortear tentaciones de este jaez o están en un tris de hacerlo (dimitir, me refiero).

Ante tanta inopia de autoridad y tanta copia de permisividad, las dos caras de una misma moneda (los renuevos ya ni siquiera se toman la molestia de pedirles permiso a sus padres, lo suponen concedido de antemano o así lo deducen, por su cuenta y riesgo), no extraña que un grupo bastante numeroso (ergo, significativo) de psicólogos hablen y no paren del generalizado pasotismo actual de muchos progenitores (que no castigan, porque supervisar que se cumple dicho castigo les afecta y castiga de alguna forma también a ellos). Efectivamente, no corren buenos tiempos ni para la exigencia externa, que procede de los padres, ni para la interna (llamémosla, verbigracia, autoexigencia), que mana motu proprio. Mala época, ciertamente, asimismo, para la dedicación, el esfuerzo, el sacrificio y el gozo o alborozo por el trabajo bien hecho (hodiernos todos).

Como resulta sonrojante y vergonzoso admitir que, hace ya bastante tiempo, muchos padres renunciaron a seguir ejerciendo el papel y las funciones de tales, tienden a disfrazar su indecoroso y reprochable desistimiento (que no miento) con el argumento (más bien, sofisma), que actúa o toman a modo de panacea (para cegatos), de la apología a ultranza de la libertad que, en la mayoría de los casos, no sirve para otra cosa que para promocionar o dar cuenta del amplio muestrario del más rudo, puro, duro y bruto libertinaje.

Muchos padres (es un decir) actuales que, siendo jóvenes, reclamaban a y de sus progenitores más espacio y más tiempo para su ocio, intimidad y demás cosas propias, con el transcurso del tiempo van a ser requeridos y reprendidos por sus retoños, debido al poco tiempo que les dedicaron, al escaso cariño que les dieron y hasta a los castigos que no les impusieron oportunamente y las cartillas que no les leyeron a sus convenientes horas. Y es que, ante tantos síes (más o menos remolones), devaluados, un no sobradamente razonado puede pasar por caricia especial y aun ser tenido por uno de los regalos más excelentes e inolvidables que un padre puede hacerles a sus hijos.

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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