Ignoro, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector de esta chuchería literaria, si usted ha dedicado o invertido alguna vez cierta cantidad de sus minutos y neuronas a y en estudiar el hecho único, cual ave fénix, de la violencia callejera en el País Vasco; el menda lerenda, “Otramotro”, se ha detenido en más de una ocasión a analizarlo someramente y a apostillarlo o escoliarlo con la ¿aguda? ayuda de algún comentario sucinto.
Y, así, de la guisa susodicha, he llegado a la conclusión, que sigue, de que, si a ka(le borro)ka, la citada expresión eusquérica, le borro “le borro”, queda reducida y abreviada a lo que, sin ninguna duda, es, una kaka (con perdón) con dos “ka” de kilo.
Ángel Sáez García
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