Como lo prometido es deuda (y, asimismo, como parece que en la sección “ABC Y SUS LECTORES” a uno le hacen caso), este fin de semana he vuelto a adquirir en el kiosco sendos ejemplares, el sabatino y el dominical, del diario que fundara en 1903 don Torcuato Luca de Tena.
Esta mañana, tras releer ayer por la noche el artículo titulado “LAS CIVILIZACIONES NO SE ABRAZAN”, que apareció publicado el domingo pasado, 24 de septiembre de 2006, bajo la firma de su autor, Álvaro Delgado-Gal, en la página 18 del número correspondiente, el 33.159, he decidido hacer, como es habitual en mí, con la mejor intención, unos cuantos comentarios a propósito del mismo. Ahí van.
Lo primero que me ha llamado la atención es que Álvaro, para referirse al Sumo Pontífice, siempre ha escrito “papa”, así, con letra inicial minúscula. Ignoro qué dice al respecto el Libro de Estilo de ABC. El menda lerenda, “Otramotro”, cuando se refiere al vicario de Cristo, suele escribir “papa”, con minúscula, si al susodicho término le sigue el nombre elegido por éste; verbigracia, “el papa Benedicto XVI”. Sin embargo, cada vez que la voz aparece a solas, suele usar la dicción con la primera pe versal; por ejemplo, “ayer vi en Castel Gandolfo al Papa”. “Otramotro” pensaba, conforme leía el texto, que el mentado error le serviría a Delgado-Gal para entrar a formar parte de la cofradía de los “Unerroristas”, cada día más numerosa; mas marró.
No entiendo (pero haré el esfuerzo de comprender y aun explicar) lo de “Manuel II Espeleólogo (sic)”. Busquemos una exégesis plausible y posible. Imaginemos que Álvaro no recordaba el sobrenombre del mencionado y mandó a un deudo que consultara en la biblioteca del salón, en concreto, en la enciclopedia más solvente, el nombre de Manuel II. ¿Qué dice? Paleólogo. ¿Cómo? Paleólogo. Detrás del nombre, ¿qué sigue? Insisto: Paleólogo. ¿Qué lees o ves? Mira que eres pelma; pues, Paleólogo. “Espaleólogo” no puede ser. En todo caso será Espeleólogo. Lo que tú digas; para ti la perra gorda. Tal vez ésa fuera la razón por la que Manuel II, uno de los últimos emperadores bizantinos, así llamado, Paleólogo (o sea, versado en lenguas antiguas) pasó a convertirse en Espeleólogo (experto en cavernas).
Parafraseando una pequeña parte del texto dominical de Delgado-Gal (ojalá se tome esta crítica con la misma o parecida inteligencia que gastó su compañero Alfredo Aycart, que ayer tuvo la gentileza, la gallardía y la altura moral de agradecerme la crítica que otrora hice a uno de sus escritos), éste, Álvaro, desde un punto de vista estrictamente gramatical, cometió un par de imprudencias que señalaré a continuación y que él no detectó, porque, con toda seguridad, pasaron inadvertidas a sus ojos. Sólo he reparado en un “Ha (sic) aludido antes”, que es, evidentemente, un “He aludido” y en “un mundo pacifico (sic, sin tilde)”.
Ángel Sáez García
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