Ayer, domingo, 15 de octubre de 2006, después de comer, mientras me tomaba mi hodierno descafeinado de rigor, leí en la página 14 del “pluscuancentenario” navarro el artículo titulado “LUCI”, que firmaba Juan Gracia Armendáriz.
Con el hipocorístico de la espadaña (que ni es espada ni daña -a menos que te caiga encima-) el autor se refería a Lucía Echevarría, de quien relataba, sin apenas guasa, algunas anécdotas protagonizadas por la escritora (es un decir) o “vampiresa” (es otro), unos cuantos milagros de la avezada plagiaria.
Prodigio aparte es que el adjetivo “magras” del título, que usa en su texto Gracia sin ninguna tal, signifique, concreta y precisamente, lo contrario de lo que el DRAE predica de él: “Pero Luci no se arruga. Al fin y al cabo, le avalan las magras ventas de sus obras y su legión de lectores”.
Ángel Sáez García
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